Roma nos es extrañamente familiar. Nos ofrece un espejo en el que podemos distinguir contornos, quizás imprecisos, pero reales de lo que somos. La casuística jurídica, la discriminación de la mujer, la globalización, los políticos que fingen ser amigos del pueblo, nuestra obsesión por el consumo, la pax americana, la obligación fiscal, las campañas electorales ad captandum vulgus, para atraerse al pueblo, la red de carreteras, las frases hechas y muchos de los rituales cotidianos son esencialmente romanos. Roma está en las instituciones, en las leyes, en las lenguas (incluso en las que no son románicas), en la ciencia y en la filosofía, en el arte, en las ciudades, en las casas, en los estadios y en los gimnasios, en las comidas, en las bodas y los entierros, en las bibliotecas, en la política y en la religión, en los puentes, en los monumentos, en las calles. Todos los caminos conducen a Roma, porque todos parten de ella.
Juan Carlos Goñi, Una de romanos.
